1- ¿Cuál es tu sueño de proyecto?

Me gustan las películas de personajes, de conflictos y dilemas emocionales o éticos. Lo que más me ha cautivado son las escenas con grandes actores, en las que todo el mundo está concentrado y existe esa sensación de que algo único se está gestando. Me encantaría filmar un buen guion con un director o directora con quien comparta criterios humanos y estéticos, con buenos actores y con el tiempo necesario. También se me antoja filmar un thriller , full de género, jaja.

2.-¿Cuál es el reto más grande que has tenido en fotografíaa y cómo lo resolviste?

En gran medida, nuestra profesión consiste en tener la disponibilidad técnica y emocional para resolver todo tipo de retos. He tenido la suerte de hacer proyectos muy diferentes entre sí que me han expuesto a un sinfín de desafíos: desde los protocolos para filmar con el presidente de Ruanda, hasta iluminar una cueva en Veracruz. Pero esas son anécdotas y me cuesta encontrar una que considere “el reto más grande”. Creo que el reto al que más constantemente me enfrento, es el tiempo, sobre todo en las series. Las secuencias se filman porque se filman; el fin último es sacar el día. Si además le sumas dos cámaras que tienen que funcionar simultáneamente, todo se complejiza.

Me reconozco como un fotógrafo bastante perfeccionista y, aunque haya poco tiempo, intento que siempre se sienta una intención en la luz y en los encuadres. Intento iluminar como si hubiera tiempo. Eso me obliga a pensar muy rápido y ser certero: adelantar sets, prever problemas y, sobre todo, priorizar. Al final, la falta de tiempo también es un buen ejercicio para entender qué es realmente esencial y cuál, entre todos los recursos que tienes disponibles, es el indicado.

3.- Dejando de la lado la técnica, ¿qué es lo que más te gusta de tu profesión?

Yo llegué a la cinefotografía a través del lenguaje; la parte técnica siempre la vi como un puente para materializar ideas. Lo que más me prende es cómo se cuenta la historia; cómo se puede transmitir incomodidad, miedo, caos o estabilidad a través de los recursos narrativos y fotográficos. Cómo los planos revelan u ocultan cosas; el énfasis que se pone en un elemento narrativo para que se vuelva metafórico a lo largo de la película.

Me gusta pensar en el punto de vista, en dónde pones al espectador. El cine son mil elementos que se conjugan al mismo tiempo. Me gusta esa sensación de detective cuando vemos playback , buscando el elemento que sobra o que falta. También esos sentimientos encontrados al darme cuenta de que ese plano hermoso y complejo que planeamos rompe con el tono, y que lo mejor para la secuencia es un plano fijo, mucho más simple.

4.- ¿Qué nivel de decisión consideras que debe tener el colorista sobre la imagen final?

El colorista es un colaborador muy importante en el look de la película y en la expresividad de la imagen. He tenido excelentes colaboraciones, así como otras con menor trascendencia. Usualmente lo involucro desde la preproducción. En ese punto, hacemos un LUT basado en referencias visuales y en las necesidades del proyecto. El LUT me ayuda a exponer y a visualizar una imagen lo más cercana posible a cómo me gustaría que quedara finalmente la película. Una vez en la sala, tenemos una o dos sesiones en las que hablamos de la intención, de la progresión drmática y de posibles problemas que haya que afinar. Después, lo dejo trabajar e intervengo puntualmente en elementos que pueda notar.

Cuando te entienden y entienden el tono del proyecto, toman decisiones libremente a partir de la línea que ya marcamos y no debería haber ningún inconveniente.

5.- ¿Con qué director te gustaría trabajar?

¡Con muchos! Para empezar, ojalá siga creciendo y haciendo películas junto a las y los directores de mi generación, que además son grandes amigos: Selma Cervantes, Isaac Cherem, Fernando de Yolanda, Luciana Herrera, Yago Muñoz.

También me gustaría filmar con Lila Avilés, Ale Márquez, David Pablos, Fernanda Tovar, entre otros. También me encanta el cine de Rodrigo Sorogoyen.

6.- ¿Cómo preparas una escena?

En ficción, todo comienza cuando leo el guion. Me voy imaginando la película y las escenas en particular; pienso en su contexto, su función dramática y en posibles caminos visuales. Al final, cada escena pertenece a una película y tiene que existir una coherencia de estilo. Después busco referencias de atmósfera visual y pienso cómo debería ser narrada en términos de planos y movimientos de cámara. A la par, me reúno con el director o directora para hablar del tono y de lo que se ha imaginado. Me hago muhas preguntas: ¿la forma en la que estamos pensando la escena corresponde al tono de la película?, ¿cumple con su función narrativa?, ¿es una secuencia actoral o atmosférica?, ¿recae principalmente en el performance de los actores y el guion, o es una secuencia más libre, sensorial, de transición o incluso más floja a nivel dramático y necesita mayor potencia visual?, ¿es una escena fuerte o cotidiana? A partir de eso, establezco una intención.

En los scoutings definimos el trazo actoral, los fondos y el esquema general de iluminación. Si necesito que la cámara se desplace y cambie constantemente de fondo, intento trabajar con un esquema más sencillo y flexible. Si los actores y la cámara tienen menos movimiento, puedo ser mucho más preciso con la luz, los difusores y los contrastes.

Ya en el set , afinamos y ensayamos el trazo junto al director o directora y los actores. Ilumino con un stand-in y aprovecho el ensayo para hacer los últimos ajustes. Si veo que no interfiere con el trabajo de los actores, también les explico pequeñas sutilezas sobre la posición de su cuerpo o rostro con respecto a la luz.

Al final, siempre se trata de tener claro el objetivo y lo esencial de cada escena, y de encontrar un balance entre la técnica, el tiempo y las condiciones reales de filmación. Puedes tener una TechnoCrane , pero si no tienes tiempo para ensayar y preparar la escena, no le vas a sacar provecho. Como decía Mario Luna AMC: “No jales, que descobijas”.

7.- Cuando no sabes cómo resolver algo ¿a quién le preguntas?

Todos dudamos (desconfío de quien se jacte de lo contrario). Para empezar, tengo la suerte de vivir con una de las directoras de fotografía con mejor gusto que conozco, Selene Berazueta, mi pareja. Es mi primer filtro en cuanto a referencias, estilo y decisiones narrativas. Siempre es enriquecedor esbozar ideas juntos.

Con Manuel Caballero tengo una excelente relación de colegas y amigos. Sabe muchísimo de equipo, lentes y sensores, ya que filma comerciales constantemente.

Y, por último, a veces le consulto a Diego Tenorio, a quien admiro y con quien comparto criterios estéticos y narrativos.

8.- Cuando hay mucho estrés en el set, ¿qué haces?

Desde que empecé a filmar, poco a poco fui entendiendo lo compleja que es la energía dentro de un set .

Todos escuchamos frecuentemente historias de directores o fotógrafos que pierden el temple. Desde hace años, entendí que los y las fotógrafas, al igual que los asistentes de dirección, los directores y directoras, tenemos una responsabilidad enorme en el bienestar del crew, por lo tanto, me parece una irresponsabilidad emocional gritar, humillar o simplemente ser hostil o reactivo porque no pudiste sostener la presión.

Lo que hago, en concreto, es darme cuenta de que estoy muy acelerado o ansioso. Respiro hondo, contengo la respiración unos segundos y exhalo lentamente. Pienso que, si bien lo que estamos haciendo es importante, nadie se está muriendo. Estos momentos conmigo mismo me dan claridad y me permiten estar enfocado, pero desde un lugar más tranquilo.

9.- ¿Qué película te hubiera gustado fotografiar?

Tantas! ‘As Bestas’ o ‘Los años nuevos’, de Rodrigo Sorogoyen; ‘Un poeta’, ‘Historia de un matrimonio’, ‘Children of Man’.

10.- Si no fueras cinefotógrafo, ¿a qué te dedicarías?

Arquitectura. Crecí con un padre arquitecto, muy apasionado e intenso, yendo a obras y conociendo edificios icónicos. A mis dieciocho años, seguir los pasos de mi padre no era una opción.

De todos modos, creo que tampoco me alejé tanto. La cinefotografía, al menos como yo la entiendo, es otra cara de la misma moneda. Ambas apelan a una sensibilidad espacial, volumétrica y lumínica.

Encuentro ecos de la arquitectura todo el tiempo en mi trabajo. En entender un espacio y observar cómo se comporta la luz; en construir estructuras para hacerla rebotar o absorberla; en pensar cómo se mueven la cámara y los actores dentro de ese espacio -como ejes, trazos y figuras- y, finalmente, en el encuadre, que sintetiza y ordena todas esas líneas y volúmenes.

No seguí los pasos de mi padre, pero acabé encontrando en el cine otra manera de pensar el espacio, no para diseñarlo, sino para mirarlo, iluminarlo y narrarlo.