‘House of the Dragon’

Hay cineastas que llegan al oficio por accidente y hay otros para quienes el set es, literalmente, el paisaje de la infancia. Alejandro Martínez AMC, ASC, pertenece a la segunda categoría, y no por casualidad: es la tercera generación de una familia de cinefotógrafos mexicanos. Su abuelo trabajó en algunas de las películas más emblemáticas de nuestra historia fílmica, con un catálogo que va desde Luis Buñuel, hasta las icónicas películas de El Santo. La cifra que Alejandro cita, no es menor: “Creo que mi abuelo tiene 210 créditos, una cosa así de impresionante”.

Su padre, aunque nunca se dedicó al cine, fue director de publicidad. “Fue una herencia”, resume.

Pero la herencia no se tradujo en una vocación automática. Martínez insiste en que su gusto por la imagen nació antes de que entendiera el propio el oficio. “Uno de los primeros recuerdos que tengo, es un exposímetro”.

Y lo que sí identifica con claridad es la pulsión que lo llevó del gusto casual a la vocación. “A mí lo que siempre me encantó fue el control, el manejo del Sol, la idea de controlar luz”.

Encontrando el camino

El camino de Alejandro Martínez hacia la cinefotografía no pasó por la ruta convencional de una escuela de cine. Es licenciado en comunicaciones por el Tecnológico de Monterrey, y en Fotografía por la Escuela Activa. Cursó posgrados específicos de cine en la UCLA, pero para entonces, ya estaba trabajando. Su formación real ocurrió en los sets de comerciales.

“Empecé como trainee de cámara, después como segundo asistente, primer asistente, operador, incluso gaffer ”.

Y aunque en cierta forma el camino ya estaba allanado por el apellido familiar, Martínez es enfático en que nunca lo sintió como un atajo: “Era muy importante para mí formarme en todas las posiciones que me correspondían antes de comenzar a fotografiar”.

Su entrada como director de fotografía llegó en el 2004 con el largometraje ‘Kilómetro 31’, dirigido por Rigoberto Castañeda.

Al revisar la filmografía del cinefotógrafo mexicano, adjetivos como pequeño y grande , pueden surgir frente a la heterogeneidad de su trabajo. Sin embargo, esta perspectiva es rechazada por el propio Alejandro. Para él, la distinción entre el tamaño y magnitud de un proyecto nunca fue el eje que organizó su carrera.

“Nunca he visto una producción en función de su escala, sino del reto que cada una representa. Nada debe darse por sentado, y esto lo aprendí del mundo de la publicidad en el que todos los días estás haciendo algo completamente diferente”.

Martínez reconoce una progresión de desafíos. Comenzando con ‘Kilómetro 31’, pasó a otro par de películas de terror. Posteriormente, a un proyecto en Estados Unidos; después a uno más grande en el mismo país, y finalmente al formato de serie, el cual le exigió una lógica de producción distinta: más páginas por día y mayor practicidad sin perder la calidad visual como cinefotógrafo. “Toda mi carrera ha sido reto tras reto”. Y esa misma lógica es la que hoy lo trae de vuelta a México. “El reto ya no es hacer algo más grande, sino hacer algo más compacto pero con el mismo nivel de exigencia”.

Perfeccionar un sistema

Alejandro Martínez comparte que a lo largo de los años, ha encontrado formas de trabajar que le han ayudado a mejorar su labor como director de fotografía. Una clase de sistema que describe casi como un ejercicio de curaduría internacional. “Cuando viajas a cualquier parte del mundo encuentras un modo de hacer las cosas que no sucede en ningún otro lado, ya sea por creatividad, por recursos, o por el mero contexto”.

Es entonces, a partir de ese viaje constante entre industrias, que extrae un criterio de calidad que después articula como estándar propio a la hora de filmar. Ese sistema se hizo visible y se volvió parte de su reputación cuando regresó a México tras años fuera del país, para fotografiar ‘Las azules’. Ahí introdujo dos hábitos poco comunes en la producción local de series en ese momento: la operación constante de una segunda cámara (steadycam, operadores A y B) y, sobre todo, un método muy particular para la generación de LUTs.

“Particularmente con HBO, en el mundo del streaming existía un miedo a que toda la imagen se viera sumamente oscura, por lo que comencé a usar LUTs que bajaran pasos de exposición, y aunque la imagen se pudiera ver más densa al estar filmando, se supiera que en realidad toda la exposición era más brillante de lo que aparentaba”.

Sin embargo, los modos de trabajo y su perfeccionamiento, son solamente una parte de la propia experiencia que asciende como la marea, pues Alejandro también revela aquello que ha tenido que desaprender a lo largo del tiempo.

“Muchas veces la experiencia en vez de liberar, puede convertirse en una trampa que te lleva a repetir fórmulas, para que únicamente habites tu mirada desde la zona de confort”.

En un sentido, esas fórmulas son también estrategias que posibilitan resolver situaciones críticas bajo presión.

“Hay ocasiones en las que tienes toda una idea para afrontar determinado reto, y en el momento, las cosas cambian, y dentro de ese poco tiempo para resolver, recurres a tu libro personal de trucos. Pero no por ello puedes quedarte siempre en el mismo lugar. Creo que el ejercicio diario es seguir descubriendo maneras de aproximarte a la resolución de retos creativos, sin hacer siempre lo mismo”.

Martínez menciona también que se debe desaprender el uso de referencias visuales como primer paso para desarrollar propuestas de imagen.

“A veces me gustaría borrar el disco”, comparte riendo… “Encontrar la forma de no recordar todas esas grandes referencias del cine universal, para ir descubriendo con la misma emoción. Lo que trato de hacer desde hace un tiempo, es buscar referencias visuales para las ideas que ya tengo conceptualizadas en palabras. No al revés, porque si no, comienzas a reproducir imágenes ya hechas”.

La llegada a ‘House of the Dragon’

La llegada del cinefotógrafo mexicano a la serie ‘House of the Dragon’ se dio gracias a una cadena de coincidencias que él describe como afortunadamente desafortunadas.

Mientras filmaba una serie, el director de su unidad tuvo que ausentarse del proyecto justo a una semana de iniciar el rodaje. En su reemplazo llegó Clare Kilner. De ese encuentro surgió una amistad y una colaboración que se extendería a lo largo de varios proyectos, incluyendo ‘Mosquito Coast’, el proyecto en el que estaban trabajando cuando a Kilner le ofrecieron dirigir algunos bloques de ‘House of the Dragon’.

Alejandro describe la primera temporada como un ambiente de entusiasmo compartido entre un grupo de cinefotógrafos (Fabián Wagner y Pepe Ávila del Pino AMC, con quien ya había trabajado previamente), todos ellos unidos por el gusto hacia el universo de la serie. Particularmente, Martínez destaca la generosidad de Wagner, tras su paso en ‘Game of Thrones’, y quien compartió su criterio sin imponerlo al resto de sus colegas.

“Puedo decir, con total felicidad, que mi necesidad artística se siente muy satisfecha en esta serie porque siempre pude expresar mi opinión a lo largo de todos los procesos”, destaca Alejandro sobre el trabajo colaborativo entre los directores de fotografía y la propia relación creativa al lado de Kilner.

“Claramente hay principios estéticos y sellos para este universo cinematográfico ya existente, pero la libertad para el arco visual es algo que siempre estuvo”.

“’House of the Dragon’ es una historia medieval, llena de drama, y con un contexto en el que puedes encontrar elementos increíbles como los dragones. Pero no es una historia de hadas, batallas entre criaturas mitológicas y elementos del bosque, sino conflictos de poder y problemas más humanos”.

El lenguaje visual de la serie tiene una particularidad frente a otros proyectos y los episodios fotografiados por Alejandro ya han dado de qué hablar en los rincones especializados en torno al universo de la novela escrita por George R. R. Martin. No obstante, el primer paso para crear el sello distintivo de este mundo fantástico fue reconocer las propias características de la obra literaria.

Imaginar universos desde la literatura

Hay un símil entre filmar mundos de fantasía y el propio acto creativo del cine. Construir universos desde el puro acto imaginativo, crear reglas dentro de los ecosistemas de la imaginación y con ello, producir sensaciones de verosimilitud en orden de emocionar al espectador. De esta forma, lo que podría parecer el principio de una frase de libros, es el trabajo que Alejandro Martínez realizó a lo largo de las tres temporadas: un mundo lleno de castillos y dragones.

En la última temporada, Alejandro estuvo a cargo de tres capítulos continuos: ‘Queen’s Landing’, ‘Rhaenyra Triumphant’ y ‘Tumbleton’. Y es ante lo seriado de los episodios, que se rescatan aspectos importantes en el proceso de trabajo.

“Haber filmado los tres capítulos de forma consecutiva, en cuanto a la misma estructura dramática de la historia, me posibilitó entender esto como si estuviéramos haciendo una película de tres horas en la que tienes el privilegio de mantener un arco dramático continuo. Así que para esta ocasión, decidí no saber nada de la historia que no tuviera qué ver con los capítulos que me correspondían, para así entender este bloque como un todo, compuesto de tres actos”.

Ante esta diferencia elemental con respecto a otro tipo de proyectos con particularidades fantásticas, es que muchas decisiones técnicas fueron tomadas, como el uso de la cámara ARRI Alexa 35, en conjunto a lentes anamórficos ALFA, también de ARRI.

“No queríamos aproximarnos a contar esta historia como una serie épica, que suele necesitar de un formato alargado para narrar toda la acción. Más bien, nos caracterizamos por ser un proyecto de close ups, en el que vive el drama de los actores”.

La ARRI Alexa 35 posibilitó extender el uso de fuego en efectos especiales para iluminar gran parte de las secuencias.

“Cuando tienes una cámara de este tipo, puedes aprovechar su gran rango dinámico y tener tranquilidad en los highlights de aquellos elementos naturales que forman parte indiscutible de este universo narrativo”.

Crear nuevas realidades

‘House of the Dragon’ encuentra gran parte de su valor dramático, en cómo cada elemento fantástico atribuye poder narrativo a la historia misma. Ya sea desde los dragones, hasta las profecías, y los sueños y visiones de algunos personajes que afectan al arco dramático de la serie. Sin embargo, es fundamental comprender el realismo con el cual son construidos cada uno de estos principios, pues de ellos depende la verosimilitud y el compromiso emocional con el espectador.

“Creamos reglas para cada uno de los conceptos fantásticos de la historia, y de esta forma, comenzamos a aproximarnos a sus modos de filmarlos. Para cada secuencia en la que hay un dragón, nos planteamos cada pregunta que nos haríamos en cualquier otro escenario. Por ejemplo, ¿habría un dragon car para ir filmando a su lado?, ¿pondríamos un rig en el dragón? Suena raro, pero tienes que pensar como si fuera la realidad”.

Por otra parte, el ejercicio de abstracción también supone una planeación a grandes escalas con la mayor exactitud posible. Uno de los escenarios perfectos para representar este tipo de casos es Harrenhal, que dentro del mundo fantástico, se caracteriza como el castillo más grande dentro de los siete reinos en ‘House of the Dragon’.

“Posiblemente fue uno de mis sets favoritos de esta temporada, pero también significó uno de los retos más complejos de todos los episodios. El set es sumamente grande, pues este castillo es también una mezcla de ruinas en su arquitectura. Y aunque gran parte de ello existía físicamente a partir del diseño de producción, había muchas zonas que correspondían al mundo de de los vfx y de la iluminación en el lugar”.

En un primer sentido, la forma de construir la atmósfera visual del espacio, era renunciando a la teatralidad de la luz para crear una realidad cercana a la misma verosimilitud que caracteriza a la serie.

“La penumbra, el fuego, las entradas de los rayos del Sol, fueron esenciales para desarrollar una locación que exige imaginación de forma permanente. Este es un ejemplo de situaciones en las que recurres a tu libro de trucos y estrategias aprendidas a lo largo del tiempo, pues la experiencia se convierte en tu aliada para dar vida a escenarios que no existen en la realidad, pero que deben comportarse como tal”.

Todo esto, sin dejar de lado los grandes cálculos matemáticos para controlar a gran escala las enormes fuentes de luz y ser exactos en los modos en los que afectaría al espacio y a los personajes en diferentes distancias.

 

 

Al finalizar la entrevista, Alejandro Martínez dibuja en su rostro una sonrisa llena de satisfacción en una emoción por compartir los retos de su trabajo en la última temporada. La trayectoría de su carrera nos deja en claro ese sistema de perfeccionamiento del cual nos habla. Un proceso de concrecer a partir de lo aprendido alrededor del mundo, con hambre permanente de seguir filmando de la mejor manera posible, cuando la magnitud del reto es aquello que caracteriza a cada proyecto, más no su distinción en cuanto a un tamaño meramente presupuestal.

“Durante el proceso de esta serie puedo decir que la mayor gratitud viene desde la soltura y la comodidad que eso me brindó. El lujo del tiempo, que no existe en todos los proyectos, y sobre todo la posibilidad de cuestionar de manera permanente las aproximaciones creativas para entender si estás resolviendo de la manera correcta”.

“Sigo pensando que apenas estoy comenzando mi carrera, a pesar de los treinta años que llevo filmando. ¿De aquí a dónde?, continua siendo la pregunta que dirige mis pasos. Creo que si puedo estar en un set, con la gente que me cae bien y a quienes quiero, no hay otra cosa más que desee. Y si además puedo hacer el cine que le gusta a la gente, quienes se emocionan semana con semana al ver que salió un nuevo capíulo en alguna plataforma de streaming, entonces estoy yendo por el camino correcto”.