Por Milton R. Barrera y Luis Enrique Galván Fotogramas de ‘México 86’
A finales de la década de los ochenta, el sorteo para encontrar sede del mundial de fútbol sería escenario para uno de los actos de mayor impacto en la historia política y cultural de México, pues la sorpresa aparentemente fortuita de recibir un segundo mundial en nuestro país, sería en realidad, una orquesta de movimientos enteramente económicos y políticos. A través de la voz de Martín de la Torre, (interpretado por Diego Luna), ‘México 86’ centra su línea dramática en los hilos entretejidos fuera del ámbito deportivo, para ganar la candidatura por el mundial de fútbol. De esta forma, la cinta dirigida por Gabriel Ripstein narra el entreacto del evento más esperado a nivel global, lleno de controversias políticas, irregularidades y secretismos de poder. En este artículo exploraremos el lenguaje visual y las decisiones creativas que desde la cinefotografía al cargo de Emiliano Villanueva AMC, caracterizan a la nueva película de Netflix.
Flexibilidad y adaptabilidad
Tras dos proyectos de ficción trabajando como dupla creativa en las series ‘La Máquina’ y ‘Mentiras’, Ripstein y Villanueva desarrollaron un lenguaje, que si bien venía sostenido por una detallada búsqueda de referencias, se enfrentó a la necesidad de mantenerse en una permanente apertura en su toma de decisiones. “El proceso de preproducción se alargó más de lo esperado, con modificaciones al guion cercanas incluso al rodaje. Sin embargo, gracias a la sincronía con Gabriel desde proyectos previos, pude tener pistas sobre lo que él querría para esta historia”, comparte el director de fotografía.
Aunque el rodaje vino como producto a una preparación técnica previa de búsqueda visual, los elementos particulares sobre la forma de emplazar la cámara para cada escena, obedecía en realidad, a una lectura de los espacios y de la colaboración natural con los actores en su propia exploración por cómo montar los trazos escénicos. “Teníamos claridad sobre la estética general de la imagen, pues aunque fuera una historia de época, no queríamos contarla meramente desde lo vintage y lo referente a ello, sino encontrando su carácter sin que fuera una distracción visual”, dice Emiliano Villanueva
Concentrado por crear atmósferas de luz que apoyaran lo que el espacio físico de la locación podía ofrecer, Villanueva orientó sus esfuerzos en esquemas de iluminación mayoritariamente de 360 grados. “El plan de trabajo estaba estructurado para que existiera un gran tiempo de trazo escénico y en ir descubriendo qué se sentía natural para los actores en sus desplazamientos para entender entonces la manera correcta para contarlo desde la cámara”. No obstante, dicha forma de trabajo implica una respuesta caracterizada por rapidez y exactitud. “Como cinefotógrafo necesitas ser sumamente claro con lo que necesitas para cada escena, expresarlo a tu equipo de trabajo y tomar conciencia de que tus decisiones implican tiempo y recursos para el proyecto. Tienes que adaptarte a las diferentes formas de resolución”.
“Tal vez la mejor forma en la que podría funcionar la posición y dirección de una fuente de luz no es la más natural para lo que necesitan los actores en ese espacio acorde a sus acciones en el guion. Es ahí cuando requieres decidir sin soltar la emocionalidad de lo que exige la atmósfera, pero también, encontrar una solución para el trabajo de dirección. Son búsquedas constantes de acuerdos”. La película ‘México 86’, desarrolla su historia en diversos espacios: oficinas, casas, departamentos, campos de entrenamiento, estadios de fútbol, calles de la ciudad. A todos ellos había que sumar el juego de cambios temporales entre diferentes épocas en el país, lo que significaba un reto técnico por encontrar atmósferas visuales que fueran coherentes a cada una de las locaciones en las que habitaban sus personajes y en concordancia al momento temporal de la trama.
“Para ser claro en tus necesidades, debes también comunicarlas con exactitud a todo el equipo. Teníamos una “Biblia creativa” de referencias visuales que compartimos desde la preproducción, para mantener una estética homogénea hasta el cierre de la postproducción. Desde el inicio le entregué al colorista carpetas organizadas por locaciones con referencias de otras películas. También incluía videos del lugar, la forma en la que podríamos emplazar los encuadres, el tipo de movimiento que queríamos en cámara, y cualquier otro elemento que pudiera dejar en claro lo que necesitábamos”.
Congruencia de intenciones y recursos
Sin importar el tamaño de la producción cinematográfica, la responsabilidad por comprender las posibilidades de recursos es crucial, pues el buen manejo de cada herramienta potencializa la resolución de futuros obstáculos. “Desde la preproducción y con tu claridad, es fundamental encontrar lo idóneo para la historia, sin confundir que lo idóneo es también la creación de soluciones y alternativas para cada escenario. Cuando te encuentras buscando locaciones, debes escoger las que funcionan dramáticamente para la historia. Es necesario cuestionar cada atmósfera de luz para cada espacio y saber lo que emocionalmente narra cada lugar. Ninguna decisión creativa debe ser gratuita sino congruente a lo que exige el guion. Y para ello, debes usar correctamente tus recursos, comprender los tiempos de rodaje y entender las necesidades que exige el proyecto”, agrega Villanueva. En esta película la lógica se traduce en contrastes concretos entre los espacios que habitan los dos personajes centrales. La casa de ella fue elegida por su luminosidad, la manera en la que la luz atraviesa los ventanales. La casa del personaje de Diego es lo opuesto: opresiva y con una arquitectura que se cierra sobre él. “La casa de él funciona como una metáfora visual, una especie de mazmorra. Al inicio pensamos que las ventanas pequeñas serían un problema pero realmente era lo que necesitábamos. Un lugar que lo hace sentir incómodo y sin embargo, ahí vive”.
Pese a la búsqueda por diferenciar estos espacios, la casa para el personaje interpretado por Karla Souza no fue llevada hacia los cálidos. Se apostó por una luz neutral, anclada en la hora del día, que solo se permite en su estética tener un momento de mayor calidez en la secuencia inicial para después buscar el realismo como base visual. Esta misma búsqueda por la congruencia se llevó también al resto de las locaciones, como en los espacios institucionales, en los que la temperatura de color se convirtió en un diferenciador temporal y emocional para la historia. “Las oficinas de la Federación Mexicana de Fútbol, antes del mundial, fueron fotografiadas con tubos fluorescentes. Cuando consiguen el certamen y van a las nuevas instalaciones, hay otra temperatura de color, los espacios se vuelven más azules, con tubos en el techo mucho más finos. A la vez, hay una cosa menos enfermiza de la piel y un mayor high key lumínico”.
Una cámara con sentido
Una de las características más reconocibles del trabajo entre Villanueva y Ripstein (visto en proyectos previos como ‘La máquina’ y ‘Mentiras’) es una filosofía específica sobre el movimiento de cámara. Si bien se caracteriza por tener movimiento, hay también una razón detrás; motivaciones permanentes. Para ambos cineastas, el movimiento de cámara no es un ornamento sino un elemento del lenguaje que agrega dinamismo a una escena o que aporta un sentido a la misma.
“Todo tiene un porqué. Si la cámara se mueve, tiene una razón de ser. Si están en una conversación y los personajes no se mueven, no se mueven, a menos que queramos un acento emocional para un momento particular de la escena. Detrás de cada decisión hay siempre una propuesta”.
La decisión de trabajar a dos cámaras también fue parte del acuerdo creativo, aunque no como un recurso permanente sino como una herramienta extra para usarse cuando la escena lo justificaba. Emiliano comenta que tener dos cámaras no significa usarlas siempre a la vez.
“Muchas veces se cree que esto agiliza la captura de las escenas con cobertura, pero en este caso, estábamos muy conscientes de lo que necesitábamos de cada escena. Gabriel es muy prudente con esto. Si tener la segunda cámara va a impedir tener la principal con un angular cerca del personaje, simplemente no tiene sentido”.
En ‘México 86’ ninguna herramienta existe por casualidad, todo se justifica desde la necesidad de la historia. Las atmósferas se anclan a los momentos emocionales y temporales de la narrativa, el movimiento de cámara acorde a la situación dramática de los personajes, todo es producto del acompañamiento permanente a lo que el guion requería. No obstante, la justificación emocional de cada decisión en la imagen es consecuencia natural de las mismas responsabilidades del director de fotografía.
“Si quieres ser congruente con tus atmósferas necesitas involucrarte en cada decisión. En cada proyecto busco un acompañamiento constante con el departamento de arte. Por ejemplo, si habrá una luz práctica dentro del cuadro, investigo desde antes si va a funcionar para la atmósfera misma, si realmente es una fuente de luz para la escena, o simplemente, entender las implicaciones que también tendrá en la imagen”.
De principio a fin, la historia de época que marca un hito cultural y social para el contexto de México en la década de los ochenta fue representada con unicidad y carácter en ‘México 86’. Las líneas temporales transcurren en la congruencia general de la cinta, creando un universo propio a sus personajes y situaciones. Trascendiendo al evento deportivo más famoso del mundo, el espectador podrá adentrarse bajo la penumbra del secretismo y de lo oculto.
“Podría decir que la coherencia de tiempos y atmósferas visuales fueron lo más complicado de este proyecto, y creo que lo conseguimos de gran manera. Es necesario destacar la importancia de una preproducción completa para tu historia. Entender que cada decisión cuenta, desde la locación que narra a tus personajes, hasta la luz práctica que aparece en cuadro. Y es en la toma de decisiones creativas cuando necesitas trascender las resoluciones técnicas fuera del lugar común y de lo que podría ser lo más fácil. Debes permitirte arriesgarte, no perder la capacidad de asombro y de juego a la hora de narrar la historia que estás iluminando.
