Por Milton R. Barrera y Luis Enrique Galván Fotogramas de ‘Vainilla’
‘Vainilla’
‘Vainilla’, ópera prima de Mayra Hermosillo, fotografiada por Jessica Villamil AMC, presenta un drama ambientado en México a finales de los años ochenta e inicios de los noventa, que sigue la historia de Roberta, una niña de ocho años que crece en un hogar conformado exclusivamente por mujeres de distintas generaciones. Desde su mirada, la película muestra el miedo y la confusión al ver cómo su familia se enfrenta a la amenaza de perder su casa debido a una deuda creciente. Esa situación obliga a cada una a confrontar sus propias limitaciones, vínculos afectivos y formas de resistencia. En medio de esta fragilidad, Roberta interpreta el mundo desde su inocencia, convencida de que puede cambiar el destino de su familia participando en un concurso escolar.
La aproximación visual de Jessica Villamil, construye este universo desde una sensibilidad emocional. Con una trayectoria consolidada dentro del cine documental, la directora de fotografía encuentra en ‘Vainilla’, su primer proyecto de ficción, trasladando su experiencia en la observación de lo real hacia una narrativa cuidadosamente diseñada, en el que cada encuadre busca la organicidad y la cercanía.
A lo largo de este artículo, veremos que el trabajo de fotografía en este proyecto no busca imponer una estética, sino acompañar el proceso interno de los personajes y su historia, permitiendo que el espacio, los rostros y la luz, reflejan el pasaje silencioso entre la inocencia y conciencia.
La llegada de la cinefotógrafa al proyecto fue a través de la productora Paloma Petra -quien también actúa en la película-, y su vínculo con el proyecto se volvió inmediatamente personal.
“Paloma fue quien me recomendó con Mayra Hermosillo, y cuando leí el guion, sentí que iba a ser un proyecto importante para mí; simplemente hizo click conmigo. En ese entonces yo estaba conectando mucho con mi pasado; como cuando tienes un espacio de transición en tu carrera, ves hacia atrás y notas que has crecido de alguna manera. Siento que esto me conecta mucho con la historia; ver de dónde vienes, tu familia, etcétera”.
Esa conexión se convirtió en una brújula visual. Más que pensar la fotografía desde un lugar puramente estético, comenzó a imaginar cómo integrar el espacio a los personajes; cómo permitir que cada rincón reflejara identidades distintas dentro de un mismo universo compartido, en este caso, por tantas integrantes de una misma familia.
“Algo que también llamó mi atención al leer el guion, fue la dinámica entre los personajes que ya propone una dinámica coral compleja. Tantos personajes conviviendo en un entorno reducido, cada una con sus propios deseos, frustraciones y sueños; cada una con su pequeño territorio dentro de ese caos. Era importante darle a cada personaje una identidad. La casa era un personaje más dentro de este universo y uno muy importante y ese espacio debía respirar con ellas”.
Un viaje a la memoria
La colaboración con la directora Mayra Hermosillo se dio de manera orgánica y en complicidad, puesto que al tratarse de la ópera prima de ambas en el terreno de la ficción, encontraron un territorio compartido desde el cual lograron construir confianza para arriesgarse y descubrir un lenguaje propio para la película.
“Fue interesante porque Paloma Petra y Mayra son actrices, entonces entendían perfectamente el proceso que necesitaba cada una de las integrantes del elenco. Mientras Mayra se concentraba en el cuidado de las interpretaciones y la dimensión emocional de cada personaje, yo proponía cosas que sostuvieran el universo que Mayra tenía en mente. Para ella era importante que la casa se sintiera auténtica, casi como una extensión física de su memoria”.
Parte importante del proceso fue mapear la casa real de Hermosillo y trasladarla a una foto, replicando su arquitectura y su espíritu. Este gesto implicaba reconstruir un fragmento de la vida de su directora y convertirlo en escenario cinematográfico. La decisión de rodar el proyecto en foro, planteó desafíos adicionales como el evitar que se percibiera la artificialidad.
Ante tal situación, el trabajo de mesa fue realizado minuciosamente. Tanto Mayra como Jessica, dedicaron tiempo para planear movimientos de cámara y trazos junto a un shooting exhaustivo que, posteriormente, se ajustó a un plan de trabajo. La intención era filmar las escenas privilegiando una continuidad cronológica. Esta búsqueda de fluidez reforzaba la sensación de un espacio vivido.
“Todo esto de mapear la casa original de Mayra y después replicarla en el foro, era muy importante para ella. Era algo casi mágico el hecho de trasladar un pedazo de su vida, que además estuvo lleno de cosas importantes y que claramente dejaron huella. Creo que Mayra era muy intuitiva en cómo quería sentir el espacio. Inevitablemente, muchas cosas cambiaron con respecto a nuestro shooting list , porque el plan de rodaje era muy grande y ambicioso. Planeamos muchas tomas que después tuvimos que ir eliminando, pero todo este ejercicio nos llevó a pensar que queríamos filmar las escenas lo más corrido posible para mantener la parte de la actuación en su mejor estado”.
Construyendo un mundo
La colaboración con el diseño de producción fue clave para sostener esta ilusión. El reconocido diseñador de producción Salvador Parra, se convirtió en un aliado fundamental para que el foro adquiriera una dimensión orgánica cargada de memoria y textura.
“Tener a Salvador fue un gran regalo para la película y sobre todo, para la fotografía”, aludiendo a la posibilidad de concentrarse no solo en iluminar el espacio, sino en habitarlo visualmente.
“Para mí fue una gran sorpresa ver cómo el foro iba creciendo, desde los colores que habíamos escogido, hasta cada uno de los elementos dentro de los espacios. Como Salvador es muy solicitado solo pudo hacer el trabajo de mesa, y en rodaje trabajamos con Andrea Lopez Pacheco y un gran equipo de decoración y props en la toma de decisiones, como la elección de los papeles tapices, la búsqueda de detalles cotidianos u objetos que íbamos encontrando en el camino”.
Las referencias se convirtieron en una herramienta para definir el punto de vista de ‘Vainilla’, particularmente la forma en la que la cámara debía comportarse. El objetivo era encontrar un lenguaje que permitiera mostrar el punto de vista desde la infancia y al mismo tiempo, transmitir una intimidad emocional.
“Vimos algunas películas para entender lo que buscábamos, entre ellas ‘The Florida Project’, ‘Aftersun’, ‘Mustang’, ‘Verano 1993’ y ‘La Ciénaga’. El fin de estas referencias, era encontrar un modelo de sensibilidad en el que la cámara observa sin imponer.
Villamil reconoce el impacto directo que tuvieron estas referencias en su aproximación visual:
“Muchas de las películas que vimos tenían que ver con las infancias y la forma en la que eran retratadas. Buscábamos indagar un poco en la visión de nuestra protagonista y que se sintiera un relato personal. Mayra y yo hablamos mucho de la altura de cámara y de cómo tenía que moverse. Queríamos que se sintiera cercano y que fluyera con los personajes y la casa”.
El color dentro de la propuesta visual se convirtió en uno de los elementos más precisos para reflejar el mundo interno de los personajes. Más que una decisión estética, funcionó como un sistema simbólico.
“Fue como un lenguaje a través de los colores.” menciona Jessica. Este uso expresivo del color se integraba a una búsqueda más amplia por transmitir un espacio vívido. Ante esto, la directora de fotografía lo describe como “encontrar pequeñas cosas de la casa que se sintiera que habían vivido ahí”.
Posibilidades creativas frente a los obstáculos
Las decisiones técnicas surgieron de la necesidad de sacar el máximo provecho a los recursos y la búsqueda por construir una imagen que reflejara la época pero, en especial, la memoria. En este proceso, la óptica fue uno de los principales elementos para construir el lenguaje visual de ‘Vainilla’.
“Quería una óptica vieja, más o menos de la época. Ya había trabajado previamente con los Nikon en mis trabajos de documental y realmente me gusta mucho cómo difuminan la imagen en los bordes, pero manteniéndose nítida en el centro”. Esta ambigüedad entre nitidez y suavidad, permitió que se conservara una sensación cercana al recuerdo.
A su vez, uno de los mayores retos se encontraba en la iluminación.
“Para mí era muy importante que se sintiera real, que las ventanas se sintieran reales. Esta intención implicaba recrear la apariencia de la casa de referencia y el comportamiento de la luz natural, respetando su dirección y su interacción con la arquitectura”.
“Lo cierto es que el espacio que nos dieron para construir la casa no era muy grande. Por ejemplo, tuvimos espacios como la recámara de Alicia y Roberta que era como una escuadra. Esa esquina estaba muy castigada y tuvimos que acomodarnos en esos espacios tan reducidos”, recuerda Villamil, señalando cómo la cercanía entre los muros restringía la posibilidad de trabajar con grandes distancias para iluminación.
Frente a este gran reto técnico, a petición de Jessica, la estrategia utilizada fue replicar el comportamiento del sol mediante estructuras móviles que permitieran modificar la incidencia de luz.
“Durante la preproducción fuimos a Torreón para conocer el espacio. Estando ahí, hice un estudio de luz minucioso para después elegir qué queríamos replicar en foro. De esta menera, ya estando en el set, se pudieron construir sistemas en el techo que nos ayudaran a mover la luz e ir variando su dirección conforme lo necesitábamos”.
De manera similar, la cinefotógrafa describe la complejidad de crear variaciones de luz en espacios reducidos, pero sobre todo, en espacios que recurrentemente saldrían a cuadro.
“Me preocupaba mucho que pudiera ser aburrida la forma en que mostrábamos las habitaciones o la cocina, por ejemplo. Pero pensando en los detalles que recuerdas de tu propia casa, y las pequeñas cosas que caracterizaban el paso de la luz en esos lugares, tomé una guía de referencia para seguir iluminando cada set”.
Desde un sentido también técnico, Jessica Villamil menciona la gran ventaja del uso de reflectores lightbridge , permitiendo una naturalidad en la dirección de luz, pero también, una ventaja para el aprovechamiento del espacio.
“Podíamos estar dirigiendo o girando cada lightbridge durante la misma toma y provocar una sensación de distanciamiento de la luz, seguir difuminándolos hasta encontrar el punto correcto y tener tales herramientas sin robar tanto espacio dentro del foro”.
Compromiso narrativo y emocional
La necesidad de encontrar una propuesta visual correspondiente a la época en la que transcurre la historia, y el cumplimiento técnico de sus retos desde la creación del mundo interior de los personajes, fueron obstáculos que la directora de fotografía sorteó durante el camino, hallando prístinas soluciones creativas frente a limitaciones espaciales, de presupuesto o tiempo.
En adición a la gran travesía de ‘Vainilla’, merece ser rescatada la intimidad con la cual se plantea cada cuadro en el largometraje mexicano; escenas cargadas de una cercanía única entre la cámara y los personajes, la luz y el espacio.
“En definitiva, hubo muchos retos que se presentaron en el camino, pero cada vez que veo hacia atrás, rescato con mayor importancia la intimidad con la que logramos retratar la historia, y me siento muy orgullosa de ello”, añade Villamil.
Queda, sin lugar a dudas, que el trayecto recorrido dentro del mundo del cine documental puso en gran lugar la mirada de la cinefotógrafa, que acostumbrada al trabajo con luz y acciones naturales, esta vez pudo moldear un espacio construido desde cero para alcanzar su organicidad. Así, la complicidad entre Mayra Hermosillo y Jessica Villamil AMC, también radicó entre la fusión de un pasado entre el mundo de la no ficción y el de la artificialidad, para tener como resultado, una obra intimista entre personajes y atmósferas, en el que incluso el espacio, tiene su propia voz.
Desde su estreno en el Festival Internacional de Morelia, hasta su ovación en el Festival Internacional de Venecia, ‘Vainilla’ es un retrato que se construye desde lo real, inclusive con un carácter de crónica, como mencionó Guillermo del Toro, tras su presentación. Desde la manera en que se mueve la cámara y el modo en que la luz construye sus atmósferas, la historia de esta familia se desenvuelve en el terreno de la honestidad con la forma de narrar.
“‘Vainilla’ es mi ópera prima como largometraje de ficción, y en ella tuve el reto de que también los espacios fueran un personaje más en la historia. Teníamos un cuaderno lleno de referencias visuales para el tratamiento de cada espacio y todos pudimos comunicarnos, de la mejor forma, acerca de lo que necesitábamos lograr. Pero sobre todo, fue un proceso en el que creamos desde nuestras vulnerabilidades y eso es extremadamente valioso”.
Desde su estreno en el Festival Internacional de Morelia, hasta su ovación en el Festival Internacional de Venecia, ‘Vainilla’ es un retrato que se construye desde lo real, inclusive con un carácter de crónica, como mencionó Guillermo del Toro, tras su presentación. Desde la manera en que se mueve la cámara y el modo en que la luz construye sus atmósferas, la historia de esta familia se desenvuelve en el terreno de la honestidad con la forma de narrar.
