Por Sofia Felix
@sofiafelixc – www.sofiafelixdp.com

En el cine pasamos gran parte del tiempo pensando en el cuadro.
En lo que entra.
En lo que se queda fuera.

Cuidamos cada elemento del encuadre con precisión: la luz, los objetos, las miradas, los movimientos. Todo tiene que estar en su lugar. Todo tiene que tener sentido.

Pero rara vez nos detenemos a pensar en lo que queda fuera del frame.

A veces evitamos hacerlo.
Tal vez porque se verían los stands de las luces, la terminación del foro o, si estamos en exterior, alguien caminando por donde no debería.

Sin embargo, lo que queda fuera también podría ser maravilloso.

Vivimos en una industria donde constantemente nos nombramos a través de títulos: el director de fotografía, el director, la productora, la directora de arte, el actor.

Y en ese proceso dejamos de vernos como personas.

Incluso en la forma en que hablamos de los demás. A veces no es lo mismo decir el director Alejandro González Iñárritu que decir Alejandro González Iñárritu, que es director. En la primera frase el título parece contenerlo todo. En la segunda, el título es solo una parte de alguien que es mucho más.

Lo mismo ocurre si decimos la directora Tatiana Huezo. Pero Tatiana Huezo también es muchas otras cosas: una persona, una amiga, una hija, alguien que duda, que siente, que imagina.

Porque detrás de cada título hay una historia.

Es irónico…
Nos encantan las historias. Por eso hacemos lo que hacemos —dicen—.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar las historias de quienes nos rodean.
Y no hablo desde el morbo ni el chisme.

Hablo de recordar que detrás de cada máscara que usamos para movernos por el mundo hay mucho más de lo que alcanzamos a ver.

Tal vez haya miedos.
Tal vez decisiones difíciles.
Tal vez alguien que dejó su casa, su familia o su ciudad para apostarlo todo por un sueño.

Tal vez haya noches de duda.
De persistencia.
De cansancio.

Cosas que, desde afuera, son imperceptibles a nuestros ojos.
Entonces la pregunta aparece inevitablemente:
¿Qué somos más allá de ser directores de fotografía?
¿Qué dice de nosotros lo que hacemos?

Y no hablo de las películas ni de los frames bonitos.
Hablo de quiénes somos realmente fuera del set.

Porque muchas veces solo mostramos una pequeña fracción de lo que somos.

Durante meses estuve pensando cómo quería plantear el taller “Del miedo a la cámara”. Y mientras más lo pensaba, más claro tenía algo: lo técnico no era lo que realmente me movía.

No era hablar de lentes, ni de cámaras, ni de esquemas de iluminación.

Lo que me movía era algo más profundo.

Cuando pensaba en la Sofía de hace unos años, en colegas, en personas con las que he hablado en sets o pasillos… siempre aparecía lo mismo: el miedo.

El miedo a demostrar quiénes somos.
El miedo a no ser suficientes.
El miedo a equivocarnos frente a otros.
El miedo a que nos juzguen.

Y ese miedo es muy fuerte cuando vas empezando en esta industria. Porque quieres hacerlo todo perfecto. Quieres que te recuerden como alguien capaz, alguien que sabe, alguien que merece estar ahí.

Entonces empiezas a construir una versión de ti mismo que encaje con esa expectativa.

Intentas actuar como crees que debería actuar ese rol:
la directora de fotografía,
“el maestro de la luz”,
la persona que “sí sabe”.

Pero con el tiempo algo se vuelve evidente.
Nada de eso es completamente real.

Porque al final, lo único que realmente queda somos nosotros.
Con nuestras dudas.
Con nuestras imperfecciones.

Con todo lo bueno… y también con todo lo que todavía estamos aprendiendo. Tal vez abrir el cuadro -aunque sea un poco- también sea una forma de recordar eso.

Que antes que cualquier título, antes que cualquier crédito, antes que cualquier frame…
somos personas tratando de encontrar nuestro lugar.

Tal vez el verdadero reto no sea encuadrar mejor…
sino aprender a mirarnos entre nosotros.

Sofia Felix