Por Milton R. Barrera y Luis Enrique Galván Fotogramas de ‘The Knife’
‘The Knife’
‘The Knife’, abre con una serie de frases que funcionan como una advertencia moral: hacersecargodelaspropiasdecisiones . Esta idea resuena a lo largo de toda la historia y marca el destino de sus protagonistas, quienes deben enfrentar las consecuencias de los actos que los colocan en una noche límite.
La ópera prima del director Nnamdi Asomugha, narra cómo la vida de una familia afroamericana se ve sacudida después de un incidente en el que una mujer irrumpe en su hogar durante la noche. Chris -interpretado por el propio director-, y su esposa, enfrentan un interrogatorio policial en el que los hechos se vuelven cada vez más ambiguos. Mientras la noche avanza, la presión sistemática y el racismo afloran complicando la verdad de lo sucedido, obligando a los personajes a confrontarse entre ellos así como con las decisiones que tuvieron que tomar en ese momento.
Aunque la película se mueve dentro de los códigos del thriller, su aproximación es más cercana al cine autoral. Gran parte de la historia se desarrolla en una sola locación y durante una misma noche, creando así una estructura que apuesta por la intensidad dramática y la observación de los personajes. Para el director de fotografía mexicano Alejandro Mejía AMC, el proyecto representa un momento particular en su carrera: su primera experiencia dentro de una producción de sindicato en Los Ángeles y una oportunidad para explorar un lenguaje visual distinto al de sus trabajos previos.
Trabajar con agentes
Después del reconocimiento internacional del documental ‘499’, el trabajo de Alejandro comenzó a circular en la industria estadounidense, lo que eventualmente le llevó a firmar con representación internacional para entrar a un sistema de producción muy distinto al que estaba acostumbrado en México.
Su llegada a ‘The Knife’ ocurrió precisamente en este momento de transición ya que el guion le fue entregado a través de sus agentes, para convertirse en uno de los primeros proyectos que recibió bajo este esquema de trabajo.
“Llamó mi atención desde el primer momento que leí el guion. Este thriller proponía una sola locación mientras que todo ocurría en una noche y cuando leía la historia, yo quería saber qué pasaba. Leí el guion de principio a fin en una sola sesión”.
Sin embargo, la estructura dramática del proyecto no fue lo único que despertó la curiosidad del cinefotógrafo, sino también el perfil poco convencional del director quien, además de protagonizar la película, proviene de una trayectoria distinta al cine al haber sido jugador profesional de la NFL durante más de una década. Ese contraste, entre una historia íntima y el equipo creativo con trayectorias inesperadas, fue lo que terminó por convencer a Alejandro Mejía para postularse para el proyecto.
La experiencia de entrevistarse dentro de la industria estadounidense seguía siendo un descubrimiento. A diferencia de México, donde la relación del director de fotografía con el director es más cercana y directa, en el sistema profesional de Hollywood suele estar mediado por una agencia.
Para su primera reunión con Asomugha, Mejía preparó un documento con referencias visuales y reflexiones sobre el tono de la película, encontrando un punto de conexión con el director. Alejandro decidió mantener una postura de honestidad durante sus conversaciones, evitando exagerar su experiencia en un género que no necesariamente le era cercano.
“Recuerdo que hablamos un poco de ‘Amour’, la película de Haneke, que también es en una sola locación y tiene estos elementos de thriller pero un poco más autorales; eso le gustó como referencia”.
Aunque la entrevista tuvo un gran resultado, el proceso de confirmación del proyecto implicó un camino todavía más largo, sorteando lineamientos previos al contrato, entre otros aspectos. Sin embargo, fue la conexión entre ambos creativos lo que permitió acelerar ciertos procesos.
“Hablé por teléfono con Nnamdi y le conté que en verdad quería hacer su película y al poco tiempo, ya estaba listo el contrato. Nnamdi luchó para que yo pudiera estar en su proyecto, abriendo muchas puertas, lo que le agradezco mucho”.
La importancia de generar vínculos con tu equipo
‘The Knife’ fue la tercera película del director de fotografía en ese año, quien comparte que después de doce meses de intenso trabajo, es de gran importancia hacer una pausa entre proyectos.
“Fue la tercera película que filmaba ese año y terminé muy agotado; no vuelvo a hacer algo así. Son procesos creativos que te exigen mucho rendimiento físico, mental y emocional”.
El cansancio también coincide con el reto de filmar en una ciudad que puede resultar muy diferente a lo que estás acostumbrado.
“El ambiente de Los Ángeles contrasta mucho con la energía de la vida neoyorkina, que es de un carácter más social y con dinámicas más rápidas de trabajo. Después del primer scouting, procuré tener una mayor cercanía con mi crew por lo que en las siguientes juntas y reuniones, me acerqué a mi gaffer para plantearle incluso la posibilidad de irnos juntos a las próximas visitas a locación y aprovechar el camino en auto para caminar y conocernos más. Para mí siempre es importante la parte humana, y como era el primer proyecto en el que todo el crew era nuevo, tuve que ganarme su confianza. La experiencia terminó siendo muy positiva”, describe Alejandro, que desde entonces ha mantenido una constancia laboral y de amistad con Hitoshi, gafferde ‘The Knife’.
Lenguaje visual y narrativa
Otro de los momentos clave en la preproducción, fue la decisión de filmar la película en 35 mm, algo que no era muy común en ese momento específico dentro de la industria, decisión que surgió de un proceso de pruebas técnicas.
“Desde el inicio Nnamdi me dijo que pensaba en filmarlo lo cual me emocionaba mucho. Aun así, decidimos hacer pruebas en digital y análogo para tomar una mejor decisión ya que cualquiera de las dos opciones traería consigo ventajas y desventajas”.
Para Alejandro Mejía, la diferencia está en la manera en la que el espectador se relaciona con la imagen.
“No quería filmarlo en película solamente por el lujo de hacerlo. Pensaba que en una historia que transcurre en una misma locación, entre las mismas paredes y con los mismos actores, después de diez o quince minutos en digital, el espectador podría empezar a aburrirse o distraerse. El negativo en cambio, nos ayudaba a darle una sensación diferente. En análogo hay algo que simplemente te conecta y te hace querer seguir viendo; por sí mismo, tiene un movimiento interno en su propia química. Hay algo que está más allá de lo que las propias palabras pueden explicar”, señala al momento de referirse a la magia del celuloide.
Al principio de la conversación para la revista, Alejandro Mejía nos muestra frente a la pantalla en videollamada, ‘El elogio de la sombra’, escrito por Junichiro Tanizaki, y con ello confiesa su gusto por el mundo de la fotografía fija para encontrar en ella referencias que le ayudan a crear conceptos visuales para cada uno de sus proyectos.
‘The Knife’, no sería la excepción para dicho proceso creativo. Así, el director de fotografía comparte que el trabajo de los fotógrafos Todd Hido y Gordon Parks, fueron el punto de partida para encontrar una estética y trasladarla al lenguaje cinematográfico del proyecto dirigido por Nnamdi.
Estas influencias se tradujeron en una estrategia narrativa que cambia gradualmente el punto de vista de la cámara a lo largo de la película.
“El punto de vista era muy importante en esta película ya que conforme la trama avanza, se convierte en algo más subjetivo acercándose emocionalmente a los personajes. Hacia el final, por ejemplo, cuando toda la situación se torna más tensa, la cámara es incluso un personaje más”.
Para el rodaje, Alejandro apostó por un set de óptica Hawk Vantage T1 Lenses, una familia de lentes esféricos conocida por su gran apertura y diseño compacto, características que resultaban adecuadas para este proyecto. El cinefotógrafo destaca ante esto, tres cualidades clave en los lentes elegidos: gran velocidad, peso reducido -cualidad que ayudó para operar la cámara en mano-, y una gran distancia mínima de enfoque.
Conexión emocional y complicidad con la historia
“En esta película tuvimos el tiempo necesario para planear bien lo que queríamos hacer, así que esto también nos dio apertura para la improvisación, lo cual es importante para un proyecto en el que todo se desarrolla en una sola locación. En lugar de pensar sobre cada movimiento, prefería reaccionar orgánicamente a lo que ocurría frente a la cámara”.
Alejandro Mejía comparte una reflexión que encontró en una exposición dedicada al director de fotografía Robbie Muller:
“En la exposición había una serie de cartas que Lars Von Trier le había escrito a Robbie, y en una le escribía lo siguiente: Quieroquepiensescomo sinuncahubierastocadaunacámaraentuvida, comosifuerasunniñoqueacabadedescubrirla, y que respondas impulsivamente a esa acción . Esta idea de reaccionar instintivamente influyó en la manera en la que me aproximé al proyecto. Esa espontaneidad también puede generar una conexión emocional con el espectador”.
Desde un principio y en paralelo a la investigación de referencias visuales y de lenguaje, Nnamdi y Alejandro acordaron que, a pesar de estar narrando un thriller , la historia necesitaba desentenderse de las fórmulas que comúnmente acompañan a los géneros cinematográficos.
“Queríamos apegarnos a las particularidades emocionales de los personajes y de las secuencias, más no a las estructuras canónicas del thriller”.
En complicidad con la historia, destaca otro aspecto crucial en el desarrollo de este proyecto. Y es que filmar en película implicaba en sí mismo, una concentración mayor a si se hubiera tratado de un largometraje en digital, pues la disciplina y el rigor se propaga de manera horizontal sobre cada rol de trabajo.
“La atención a cada detalle es claramente mayor y al estar en el momento presente, existe entonces una conexión emocional con la escena y lo que estás narrando”.
‘The Knife’ fue filmada en Vision3 500T, con exploraciones propias de lenguaje en referencia a otras grandes cintas como ‘Once Upon a Time in Anatolia’ (Dir. Nurie Bilge Ceylan, 2011), y su característico movimiento en dolly, siendo una cinta que progresa en códigos de lenguaje de principio a fin, acorde al momento dramático de la historia; secuencias iniciales en dolly , hasta largos y complejos planos secuencia en cámara mano o en steadicam, siempre manteniéndose fieles al significado único de la trama.
La oscuridad y el reto de la exposición
Hablar de una correcta exposición implica un juicio de cuestionamiento hacia lo “correcto”, en un ámbito que es subjetivo a la historia y así, la importancia radica entonces en exponer hacia lo que la luz o sombra de la escena exige emocionalmente hablando. Sin embargo, es necesario que esa búsqueda de la narrativa y sus significados, se aborde también desde un exigente conocimiento técnico, las posibilidades del material y de las herramientas al alcance del proyecto. En este caso, filmar una historia que ocurre enteramente en una noche, sería un gran reto para tomar a la oscuridad como un aliado en la narrativa.
“Recuerdo que cuando me invitaron a dar una charla en Kodak, muchos colegas se acercaron para decirme lo mucho que había arriesgado para alcanzar ese nivel de exposición. Fue un gran desafío obtener el punto exacto para contar esas noches en la película. Mi proceso de trabajo siempre fue la técnica de exposición de uno de mis mentores, Ed Lachman, iluminando como si estuviera a 320 ASA, dando un margen a la sobreexposición y así proteger mis sombras”.
Ser honesto con la necesidad emocional de la historia, implica a su vez, sacudir el miedo por la oscuridad.
“Me tocó ser siempre fiel con lo que el guion exigía, respetar sus contrastes y abrazar las sombras, no tratar de filmar desde una protección. Pero para ello, también tenía que modificar mi mindset y entender que lo que haces bien en 35 mm se ve espectacular, pero lo que haces mal, se ve cien veces peor que lo que haces con una cámara digital. Tienes que trabajar agregando y no quitando, siendo profundamente consciente de toda decisión”.
En ‘The Knife’ la cámara se traduce en lo más cercano a lo que una coreografía de danza puede ejemplificar, atravesando desde encuadres fijos, hasta planos extremadamente cercanos a los personajes, en donde toca regresar momentos atrás en la escena para poder identificar el momento exacto en el que la cámara había comenzado a moverse. Es tan orgánica y apegada a la emocionalidad de las secuencias, que la consciencia por la cámara se borra ante el juicio de su espectador.
“La película tuvo momentos de muchas complejidades técnicas y de extrema coordinación. Por ejemplo, escenas de plano secuencia muy largas en las que la cámara podía iniciar en la sala del interior de la casa para después recorrer hasta el patio exterior, ver a los personajes iluminados con las sirenas de las patrullas y después volver a adentro”.
Con un rodaje enteramente nocturno, de cuatro de la tarde a cuatro de la mañana, con la ansiedad que se presentaba en la espera por los dailies para conocer lo que se había filmado el día anterior, el director de fotografía mexicano Alejandro Mejía, logró una proeza técnica en su primera cinta dentro del sindicato de Local 600 ICG.
“La curiosidad de experimentar algo que no había hecho antes, me motivaba profundamente”.
A través de la Canon 7D y una montura PL, en la que podía probar los mismos lentes utilizados para la cinta, Alejandro podía previsualizar un poco la iluminación de las escenas.
“A su vez, tocaba ejercitar el iluminar a través del viewfinderde cristal, para conocer la atmósfera y contraste general de las escenas”.
“El trabajo previo para filmar cada noche, fue arduo. La casa fue iluminada en su totalidad desde los techos, para después programar cada luz mediante una consola, ir modificándolas individualmente y construir desde ahí, para después reforzar desde los exteriores con una mezcla de tungstenos y HMIs homogeneizados por filtros verdes”.
La ópera prima de Nnamdi Asomugha se caracteriza por ser una historia que, desde su misterio, abraza la oscuridad como una aliada para la construcción de la tensión emocional. Sus personajes habitan entre las sombras y la luz adquiere otro valor. Como menciona Tanizaki en su libro, “frente a la penumbra es que obtiene otraprofundidad”.
‘The Knife’ se estrenó en más de doscientas salas de cine en Estados Unidos, filmada en 400 rollos de Kodak, en un workflowprotegido por la calidad de FotoKem, y bajo el apoyo de Camtec. Alejandro Mejía reflexiona:
“Verla tantos años después me hizo recordar la persona que era en ese momento. Me devolvió el espíritu de motivación y arriesgue. Pude reconocer la valentía absoluta que tuve”, dice sobre un largometraje que por fin se exhibe en pantalla grande.
“The Knife’ también es el comienzo de una amistad y relación creativa con alguien que me abrió las puertas en mi carrera y a quien le agradezco mucho. Es la historia que me hizo ser parte de esa comunidad latina publicada por la revista de la ASC, y el reto que me hizo no sobrepensar, sino abrazar la oportunidad, confiar y no caer en el miedo por el tamaño del proyecto. Me hizo valorar las ganas y la energía de la gente, más que la experiencia, porque la motivación de mi equipo de trabajo me recuerda por qué decidí hacer cine”.
